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¿Es Rusia una potencia imperialista? III Continuidades, reconstituciones y rupturas

Muchas diferencias separan al escenario actual del antecedente zarista. La confluencia de Rusia con las potencias de Occidente ha quedado sustituida por serios choques. Esa confrontación determina tendencias expansivas de otro tipo. Las comparaciones con la URSS omiten la ausencia de capitalismo bajo ese sistema. Hubo mecanismos de opresión externa, pero no un imperialismo soviético.
El lugar secundario de Rusia en la jerarquía imperialista no es sinónimo de subimperialismo. Tampoco prevalece una relación ambigua con los dominadores del mundo. El colonialismo interno ha resurgido, pero no define la condición imperial, ni determina el signo de los movimientos nacionales en el espacio pos-soviético.
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¿Es Rusia una potencia imperialista? II. El legado de Lenin

Los criterios inspirados en un texto de Lenin no permiten esclarecer la condición imperial de Rusia. Esa economía no incluye la preeminencia financiera, la gravitación mundial de los monopolios y el peso de los capitales exportados exigidos por esos parámetros. Prevalece un perfil intermedio y distante de los países dominantes. China alcanzó ese podio sin convertirse en una potencia imperial. Ese lugar no se define con indicadores económicos. Los conceptos de la centuria pasada deben ser amoldados a la nueva realidad del capitalismo y las caracterizaciones de la guerra concentran el principal legado de Lenin.

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¿Es Rusia una potencia imperialista? I Gestación no hegemónica.

Con prejuicios liberales no se puede esclarecer el status imperial. La consolidación del capitalismo es la precondición ya vigente de esa condición. Pero los desequilibrios del modelo económicos y la inserción semiperiférica socavan esa posición.
Rusia no integra el circuito dominante del imperialismo contemporáneo y es hostilizada por Estados Unidos. Desarrolla igualmente una activa intervención geopolítica, con acciones acordes a su gravitación en el universo bélico. La figura de un imperio no hegemónico en gestación ofrece la mejor definición de su estadio actual. El resultado de Ucrania consolidaría o desvanecería ese perfil.
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Diagnósticos y controversias sobre Ucrania

La nítida tragedia humanitaria contrasta con la indefinición militar y el incierto efecto económico de la guerra. La responsabilidad del imperialismo norteamericano es más ocultada que la injustificada invasión rusa. Reiniciar las negociaciones es el curso más progresista y favorable para conseguir la soberanía. Las posturas indulgentes frente a la OTAN son tan inadmisibles como el llamado a la provisión de armas. Pero la invasión no fue una acción defensiva y tiene consecuencias negativas. Una caracterización comparada de la guerra confirma esa impronta regresiva.Leer texto completo [PDF]

Dos confrontaciones en Ucrania

Leer texto completo [PDF]Son muy prematuros los pronósticos sobre una incursión que desconcertó a Occidente. Estados Unidos es el principal responsable de la escalada por su negativa a negociar la contención de la OTAN y la neutralidad de Ucrania. Propicia el acoso a Rusia para someter a Europa y bloquear su intercambio económico con Moscú.
El nacionalismo reaccionario desencadenó el conflicto y destruyó la cohabitación pacífica de las dos regiones. Pero la invasión no se limitó a proteger a los pobladores del Este. Quebrantó las negociaciones de paz e introdujo una respuesta desproporcionada y carente de justificación. Esa acción desprecia la voluntad popular y realimenta los mitos del liberalismo.
Washington aprovecha ese despropósito para atropellar la soberanía de América Latina. Ucrania tiene derecho a su autodeterminación nacional, pero esa meta requiere la desmilitarización y un status internacional de equidistancia.

El antiimperialismo y la izquierda en Medio Oriente

Leer texto completo [PDF]La interpretación meramente geopolítica de los conflictos en la región resalta el choque entre un bloque agresivo unipolar y otro defensivo multipolar. Remarca la prioridad de confrontar con el enemigo principal, pero razona con criterios conspirativos y no toma en cuenta el protagonismo popular. Por el contrario, la mirada neutralista desconoce la incidencia de las confrontaciones globales sobre las relaciones de fuerza y las consiguientes luchas de los pueblos.
Lo ocurrido en la Segunda Guerra Mundial brinda parámetros para posicionarse en Medio Oriente y el balance de la URSS en Afganistán define criterios antiimperialistas. El apoyo norteamericano a los kurdos no aporta en cambio reglas generales. Libia demuestra cuán erróneo es confundir levantamientos con las acciones de la OTAN y Siria enseña a distinguir rebeliones genuinas y usurpadas. Hay que batallar contra el imperialismo norteamericano sin idealizar a sus rivales.

Derrotas del imperialismo sin victorias progresistas

Leer texto completo [PDF]Las derrotas afrontadas por Estados Unidos no implican victorias antiimperialistas. Los yihadistas son la contracara de ese anhelo. En Afganistán triunfaron los retrógrados talibanes, en Irak gobierna una represiva administración teocrática, en Libia prevalece el reparto del botín y en Siria aplastaron la esperanza democrática. Las batallas antiimperialistas han sido desviadas hacia confrontaciones de supuesto sesgo inter-religiosas y el proyecto progresista panárabe ha quedado sustituido por el ensueño fundamentalista del Califato.
En Egipto se demostró que los avances democráticos exigen confrontar con la subordinación a Washington. La excepcionalidad de Túnez y la fractura de Libia confirmaron esa regla. La primavera árabe fue un hito de rebeldía, pero su divorcio de planteos antiimperialistas facilitó su aplastamiento. La nueva oleada plantea superar las fracturas confesionales.
Las demandas nacionales pueden apuntalar luchas soberanas o servir a la balcanización. Los kurdos afrontan ese dilema. Las batallas por la democracia y la autodeterminación nacional enlazan con el antiimperialismo.

El Coimperialismo en Medio Oriente

Israel se ha integrado a la estructura geopolítica de Estados Unidos y desenvuelve una función coimperial fuera de sus fronteras. Utiliza el militarismo económico digital para reafirmar su primacía regional. Con anexiones y apartheid retoma una modalidad ya inviable de colonialismo. La cultura judía y la nación israelí no son equivalentes al expansionismo sionista.
La resistencia en Gaza, Cisjordania y las ciudades mixtas recompone el fragmentado tejido de los palestinos. La solución de los dos estados exigiría una reparación a los refugiados y el dudoso fin de la ocupación. Por eso gana adeptos el proyecto de un sólo estado, binacional, laico y democrático.


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El Subimperialismo en Medio Oriente

Tres países de la región reúnen las características del subimperialismo. Son economías intermedias que despliegan acciones militares y relaciones contradictorias con Estados Unidos. No sustituyen a los protagonistas globales y enlazan con raíces de larga data.
El concepto se aplica a Turquía. Clarifica su expansionismo externo, las ambigüedades frente a Washington y el autoritarismo de Erdogan. También esclarece las aventuras externas y la persecución de los kurdos.
La acumulación de rentas, las aventuras bélicas y las ambiciones de los monarcas encaminan a Arabia Saudita hacia el subimperialismo. Pero la teocracia incuba explosivas reacciones internas y afronta adversos resultados militares.
La eventual reconstitución del status subimperial de Irán se combina con una nueva tónica defensiva de tensiones con Estados Unidos. Las disputas entre subimperios modifican el status de todos los contrincantes.
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Tres perfiles diferentes al imperialismo dominante.

El alterimperialismo europeo difiere del imperialismo norteamericano. Combina las divergencias económicas con la subordinación geopolítica a la primera potencia. Sus acotadas incursiones propias están enlazadas con el liderazgo del Pentágono en los grandes operativos.
Rusia despliega acciones de gran potencia a partir de sus victorias militares en Siria y sus éxitos diplomáticos en Oriente. Esa audaz conducta retrata el perfil de un imperio en formación amoldado al cimiento capitalista del país.
China aumenta su protagonismo económico, pero sin correlatos geopolíticos y militares. Actúa como una potencia no imperial y disputa negocios contra el militarizado competidor norteamericano.
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