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Nuevos argumentos por Palestina

Leer texto completo [PDF]Las atrocidades cometidas por el ejército israelí suscitan nuevas protestas entre los herederos de la tradición humanista del judaísmo. Esa reacción es mayor en América Latina, frente a la importación derechista de los brutales métodos utilizados en Medio Oriente. Con anexiones y apartheid Israel participa en el rediseño imperial de la región, pero su proyecto colonialista no es viable en el siglo XXI.
La resistencia en Gaza, Cisjordania y las ciudades mixtas recompone el fragmentado tejido de los palestinos. La solución de los dos estados exigiría la reparación a los refugiados y el dudoso fin de la ocupación. Por eso gana adeptos el proyecto de un sólo estado, binacional, laico y democrático. Es necesario distinguir la cultura judía y la nación israelí del expansionismo sionista y apuntalar una lucha de Palestina que suscita admiración en América Latina.

China: Tan distante de imperialismo como del Sur Global

Leer texto completo [PDF]Las controversias sobre el status geopolítico de China se han intensificado. Su presentación como imperio se basa en erróneas analogías, que ignoran cómo la expansión productiva se combina con la prudencia geopolítica. El perfil imperial se define por acciones internacionales de dominación y no por parámetros económicos.
China incuba en forma sólo embrionaria los rasgos de un imperio en formación. Los límites de la restauración capitalista inciden sobre su inmadurez imperial. Lucra con la primarización de América Latina, pero se ubica lejos del intervencionismo estadounidense.
Las tensiones que genera el capitalismo en China son enmascaradas con miradas indulgentes, que desconocen la incompatibilidad de ese sistema con una mundialización inclusiva. Los negocios en curso contradicen las convocatorias a la cooperación. El país no forma parte del Sur Global. Afronta los desequilibrios de una economía desarrollada y las tensiones de un acreedor. Tres escenarios se avizoran en el mediano plazo.

Estados Unidos y China: una puja entre potencias disimiles

No hay equivalencia en el principal conflicto geopolítico actual. Estados Unidos agrede y China se defiende. Washington pretende recuperar su liderazgo imperial y Beijing intenta sostener un crecimiento capitalista sin confrontaciones externas.
La restauración inconclusa, el régimen político, la historia de acosos y el abismo cultural con su oponente limitan la conversión de China en una potencia imperial. Su creciente captura de flujos internacionales de valor es reciente. América Latina necesita combinar la resistencia a la dominación estadounidense con la renegociación comercial con China.
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La indefinición imperial contemporánea

Leer texto completo [PDF]El imperialismo es un dispositivo de dominación con modalidades históricas cambiantes. Las variantes territoriales, comerciales e intermedias precedieron al imperativo capitalista del beneficio. Esa diferencia queda diluida en el modelo de sucesiones hegemónicas.
El imperialismo clásico estuvo más signado por la guerra que por transformaciones económicas. El modelo posterior liderado por Estados Unidos buscó sofocar revoluciones e impedir el socialismo. La impotencia norteamericana actual contrasta con la flexibilidad del antecesor británico.
Las mutaciones en el capitalismo contemporáneo no tienen correlatos imperiales equivalentes. El neoliberalismo trastocó el funcionamiento del sistema, pero el imperialismo continúa sin brújula. Serán definitorios el choque con el rival asiático y las resistencias populares.

¿Ocaso, supremacía o transnacionalización?

Leer texto completo [PDF]La crisis de largo plazo corroe la recuperación imperial estadounidenses. El retroceso industrial no es compensado por la superioridad tecnológica o financiera y el ascenso chino ensombrece las ventajas sobre Europa. La fractura interna impide cohesionar un proyecto externo.
La desaparición de la URSS incentivó aventuras bélicas y erosionó la función protectora del Pentágono. Estados Unidos ya no actúa como ordenador global y perdió capacidad para articular la globalización con reglas nacionales de acumulación.
El hegemonismo, el realismo y el liberalismo omiten las raíces capitalistas de la crisis. La tesis del ocaso esclarece el belicismo pero deja sin respuesta el enigma del reemplazante. El enfoque de la supremacía económica registra la gravitación de la FED, pero subestima la impotencia geopolítica. La ausencia de transnacionalización plena de clases y estados desmiente el planteo del imperio global. Hay varios escenarios en juego.

La recuperación imperial fallida de Estados Unidos

Leer texto completo [PDF]Estados Unidos intenta recuperar su alicaído dominio mundial capturando riquezas, sofocando rebeliones y disuadiendo competidores. Sostiene ese operativo con un gigantesco poder militar y una gravosa economía armamentista.
Las guerras híbridas han transformado radicalmente el intervencionismo imperial. Multiplicaron el caótico escenario de refugiados y víctimas civiles que genera la demolición de varios estados.
La ruptura de la cohesión interna es el principal obstáculo al resurgimiento imperial estadounidense. Los fracasos económicos y geopolíticos de Trump confirmaron esas limitaciones. Esa impotencia no disminuyó el rearme con nuevos dispositivos atómicos. Con mayor diplomacia Biden insistirá en políticas agresivas utilizando desgastadas coberturas ideológicas.

Descifrar a China III: proyectos en disputa

Leer texto completo [PDF]El status capitalista o socialista de China quedará definido por luchas políticas y batallas populares. Esa disyuntiva se procesa en una formación intermedia, con clases dominantes que no controlan el poder del estado. Los virajes económicos del país han expresado intereses contrapuestos y no continuidades socialistas. La coexistencia inicial con el mercado difirió del proceso posterior de restauración.
Los intérpretes de una regresión capitalista concluida omiten que la fusión entre burguesía y funcionarios no se ha consumado. El legado socialista es un gran escollo a esa integración, en un régimen muy distinto a cualquier variedad de capitalismo de estado. Hay varias corrientes en pugna y despunta la renovación socialista que propicia la Nueva Izquierda.

Descifrar a China II: ¿Capitalismo o socialismo?

La irrupción de China ilustra la dinámica contemporánea del desarrollo desigual y combinado. El cimiento socialista, el complemento mercantil y los parámetros capitalistas apuntalaron un modelo enlazado a la globalización, pero centrado en la retención local del excedente. La ausencia de neoliberalismo y financiarización ahorraron al país los desequilibrios afrontados por sus competidores. Pero la penetración del capitalismo genera sobreinversión y excedentes a descargar en el exterior.
La ortodoxia explica la expansión china por un imaginario predominio de la desregulación y la heterodoxia por la simple aplicación de controles que han fallado en otros lugares. Ambos omiten el cimiento socialista. La óptica milenarista enaltece un destino imaginario y supone raíces remotas para procesos muy recientes.
El capitalismo está presente pero no domina aún en la economía. La nueva clase burguesa tampoco logró el control del estado, pero la transición socialista se revirtió y prevalece un status intermedio. La acotada restauración contrasta con las trayectorias de Europa Oriental y Rusia. Una comparación con el origen del capitalismo sugiere la posibilidad de largas transiciones y mixturas de sistemas.

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Descifrar a China I ¿Desacople o ruta de la seda?

El control de la pandemia en China no anula el impacto generado por una infección, estrechamente conectada a la globalización capitalista. Ese efecto obliga a replantear la estrategia económica de la nueva potencia. La asociación con Estados Unidos fue quebrantada por la crisis del 2008 y el desacople no dio los resultados esperados.
La Ruta de la Seda supone un retorno al mercado mundial para atemperar la sobreproducción, pero reaviva la disputa con Washington. La confrontación comercial ya se trasladó a la moneda y se dirime en la tecnología. Nadie sabe quién ganará esa batalla, pero las divergencias políticas y las tensiones sociales internas serán definitorias de ese resultado.
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América Latina en el capitalismo contemporáneo. II-Geopolítica, dominación y resistencias.

Estados Unidos comandó el debut de la globalización, pero quedó muy afectado por sus resultados e intenta recuperar primacía con Trump. Esa restauración exige doblegar a China y reconquistar el dominio pleno de América Latina. El ascenso chino obedece a procesos objetivos, modelos antiliberales y cimientos no capitalistas. Podría ser un socio de la región contra el opresor del Norte.
La gravitación geopolítica de la coerción rehabilita la teoría del imperialismo. Pero sólo la versión contemporánea percibe la disonancia que opone a la mundialización económica con los estados y las clases dominantes nacionales. Esa mirada también registra el nuevo papel de las formaciones intermedias.
La etapa actual se asienta en el neoliberalismo, pero incluye variantes distanciadas de ese modelo. La experiencia latinoamericana clarifica esa complejidad. La nueva derecha canaliza parcialmente el descontento, pero en América Latina emerge como reacción al ciclo progresista. Las rebeliones en la región contrastaron con repliegue popular a escala mundial, pero en la coyuntura resurge una convergencia de protestas con sujetos y demandas semejantes.
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