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Dependencia y Teoría del Valor

Marini atribuyó el intercambio desigual a los desniveles de desarrollo. Sin definir el alcance de la mundialización destacó su primacía tendencial y percibió en las maquilas un anticipo de la globalización productiva. El trabajo potenciado no desmiente las transferencias internacionales de plusvalía. Sólo el reconocimiento de esos desplazamientos permite registrar las fracturas económicas mundiales y la naturaleza dual del valor.
Los enfoques dependentistas se enriquecen reconociendo la variabilidad de precios de las materias primas y las peculiaridades de la renta. Las divisas que aportan las exportaciones agrarias y petroleras son drenadas por las remesas de utilidades y los pagos de intereses e importaciones.
La dependencia impide el aprovechamiento productivo de la renta. Las teorías que explican ambos procesos convergen en la interpretación del subdesarrollo. Es incorrecto contraponerlas. También la renta imperialista contribuye a clarificar la apropiación de los recursos de la periferia. Es indispensable actualizar la teoría de la dependencia.

El ciclo dependiente cuarenta años después

La teoría de la dependencia afronta otro escenario en América Latina. Los ciclos y crisis impactan sobre una industria debilitada y un consumo fragmentado. La primacía de la exportación agro-minera potencia los desequilibrios en todos los modelos.
La explotación de la fuerza de trabajo ha sido más determinante que la apertura comercial en el contraste con Corea del Sur. La relación con China recrea subordinaciones y no existe el manejo estatal de la renta que se observa en otros países.
La acción geopolítica tiene efectos contradictorios sobre el desarrollo. Clases dominantes, burocracias y gobiernos actúan bajo severos condicionamientos. Una reconsideración general indica cómo renovar y ampliar el dependentismo marxista.

Controversias sobre la superexplotación.

La superexplotación se ha extendido a los desposeídos del planeta, pero no abarca a toda la clase obrera de ningún país. Tampoco define distinciones entre el centro y la periferia, ni es análoga a las restricciones del consumo. No tiene vínculos específicos con la plusvalía absoluta.
Muchos autores explican las causas del subdesarrollo sin recurrir a un concepto, que ha perdido las implicancias políticas del pasado. Soslayar la reformulación de la superexplotación impide actualizar la teoría marxista de la dependencia. Su erróneo abordaje presenta analogías con ciertas interpretaciones del imperialismo.

Semejanzas y diferencias con la época de Marini

El principal teórico de la dependencia anticipó tendencias de la mundialización neoliberal. Analizó la globalización productiva, la centralidad de la explotación y la gravitación de las transferencias de plusvalía. Pero la crisis del empleo supera lo avizorado por Marini, en un escenario trastocado por la mutación de Estados Unidos, el desplome de la URSS y el ascenso de China.
Las nuevas brechas nacionales y sociales emergen en una economía internacionalizada, sin correlato en los estados y clases dominantes. Esta ausencia de transnacionalización total recrea la dependencia. Las semiperiferias presentan una dimensión económica diferenciada del status geopolítico del subimperialismo. El “Sur Global” no reencarna la vieja periferia, ni incluye a China. Hay sólidos pilares para renovar el dependentismo.

Socialismo y antiimperialismo

En el siglo XX la batalla por el socialismo transitó en la periferia por la radicalización de la resistencia antiimperialista. Las rebeliones anticoloniales, el protagonismo del Tercer Mundo y los triunfos de posguerra confirmaron ese curso. Cuba aportó otra ratificación que fue ensombrecida por varias frustraciones posteriores.
En la nueva etapa de neoliberalismo, desaparición de la URSS y remodelación de la dominación global, el antiimperialismo persiste como articulador de la lucha popular. Esa centralidad se verificó en las rebeliones sudamericanas, en la fallida autonomía de los gobiernos progresistas y en el contrapunto de los gobiernos radicales con la restauración conservadora.
La confrontación con Estados Unidos y el anhelo de unidad regional singularizan al antiimperialismo latinoamericano. Los contrastes con el mundo árabe y Europa confirman esas peculiaridades.
El socialismo no ha perdido vigencia por la implosión de la URSS. Las experiencias de Cuba, Venezuela y Bolivia indican nuevas pistas de combinación de las batallas nacionales y sociales.

Aciertos y problemas de la superexplotación

Marini postuló que la burguesía latinoamericana recrea el subdesarrollo al compensar su adversidad internacional con superexplotación. No identificó el pago de la fuerza de trabajo por debajo de su valor con la plusvalía absoluta, ni con la miseria creciente.
Pero esa sub-remuneración contradice la lógica del mercado laboral, que determina los bajos salarios de la periferia industrializada. Las empresas lucran con la existencia de brechas de esos ingresos mayores que las diferencias de productividad. Los desniveles de desarrollo están altamente condicionados por las transferencias de plusvalía a favor de las economías avanzadas.
La teoría de la dependencia no requiere un concepto de superexplotación omitido por Marx. Hay tasas de plusvalía superiores en el centro, pero mayor estrechez del consumo y agobio laboral en la periferia.
En un cuadro de generalizada precarización se reordenan las diferencias nacionales de salarios de los explotados formales, informales y empobrecidos. Tanto la extensión del concepto de superexplotación a las metrópolis, como el desconocimiento de la mundialización neoliberal obstruyen la actualización de la teoría de la dependencia.

La relevancia contemporánea de Marx

Marx recupera interés. Su clarificación del funcionamiento del capitalismo contrasta con las simplificaciones neoclásicas y las ingenuidades heterodoxas. Indicó la lógica de la plusvalía que subyace en la agresión neoliberal y el tipo de superexplotación que prevalece en el trabajo precario. Esclareció el origen de la desigualdad y el sentido actual del beneficio.
El Capital permite refutar la identificación de la revolución digital con el desempleo. Cuestiona las explicaciones de la crisis por desaciertos gubernamentales o carencias de regulaciones. Remarca tensiones intrínsecas en la esfera del consumo y la rentabilidad.
Marx subrayó los determinantes productivos de las convulsiones financieras. Sugirió las conexiones de la mundialización con los patrones nacionales de acumulación. Anticipó las polarizaciones que generan subdesarrollo en la periferia y los enlaces del antiimperialismo con estrategias socialistas.
También conceptualizó la combinación de ilusiones y temor que propaga la ideología burguesa. Su proyecto igualitario resurge junto a nuevas síntesis de la acción política con la elaboración teórica.

Este artículo será publicado en 2018 en la revista Sociología histórica (http://revistas.um.es/sh), dentro de un número monográfico sobre el 150 aniversario de la publicación del Libro I de El capital.

Subimperialismo II: Aplicación actual

El subimperialismo se verifica en Medio Oriente. Turquía exhibe esa condición en sus ambiciones de liderazgo neo-otomano. Con recursos petroleros y aventuras yihadistas Arabia Saudita intenta una hegemonía semejante. Irán rivaliza reconstruyendo su viejo peso regional.
El estatus subimperial no se extiende al apéndice israelí del poder estadounidense. Lo mismo ocurre con Canadá y Australia. En cambio India reúne todos los ingredientes de esa categoría.
Rusia afronta tensiones estructurales con Estados Unidos buscando afianzar su dominación fronteriza. Es un imperio en formación, que difiere tanto de los contendientes occidentales como del antiimperialismo. China se ubica en el mismo casillero, pero con preeminencia económica y sin correlato geopolítico-militar.
El deterioro industrial y las vacilaciones estratégicas actuales de Brasil contrastan con el diagnóstico de Marini. Al igual que Sudáfrica, tiene recortado su margen de intervención externa. Persiste como formación intermedia entre imperios y periferias. El subimperialismo contribuye a clarificar los escenarios de la época actual.

Subimperialismo I: revisión de un concepto

Marini asignó al subimperialismo una dimensión económica compensatoria del sub-consumo y otra geopolítico-militar de protagonismo brasileño. Reconsideró la teoría clásica del imperialismo y registró la nueva hegemonía regional de ciertas formaciones intermedias.
La mundialización neoliberal diferencia a esas economías por su lugar en la cadena de valor. El subimperialismo actual no tiene aplicaciones puramente económicas, ni se extiende a bloques de países. Rige para gendarmes asociados y autónomos de Estados Unidos. No se repiten las conflagraciones inter-imperialistas del pasado. Los mecanismos de dominación global se han diversificado y la semicolonia ha perdido relevancia conceptual.

Argumentos antidependentistas

La contraposición de la teoría de la dependencia con el pensamiento socialista desconoce la continuada brecha entre economías subdesarrolladas y avanzadas. Supone inexistentes relaciones de interdependencia e ignora los estudios críticos de la industrialización latinoamericana que anticiparon la expansión asiática.
El estancacionismo fue un defecto de la heterodoxia y no de los teóricos marxistas de la dependencia. Evitaron tanto la fascinación con la competencia, como el análisis de los precios con criterios de manipulación monopólica.
La ley del valor y el registro de distintos grados de acumulación no alcanzan para esclarecer el subdesarrollo. Las transferencias de recursos explican la estabilidad de las fracturas mundiales. Esos drenajes bloquearon la canalización industrial de la renta agraria de Argentina.
Negar la convergencia de batallas antiimperialistas y anticapitalistas impide comprender la dinámica socialista. Ese empalme reapareció en rebeliones latinoamericanas e impugnaciones del endeudamiento externo, objetadas por el internacionalismo abstracto. Esa postura olvida el enfoque anticolonialista que maduró Marx y la distinción entre nacionalismo progresivo y regresivo que postuló Lenin.
Con mistificaciones del proletariado e idealizaciones del modelo bolchevique resulta inentendible lo ocurrido en el último siglo. Conviene superar los razonamientos positivistas en torno a las fuerzas productivas, que conducen a fantasías de globalismo igualitario y repentino. El socialismo es un proyecto con transiciones y mediaciones antiimperialistas.